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I.- ARTESANOS DE MADERA. |
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TIERRA DE PINARES |
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TRABAJANDO LA MADERA |
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CONDICIONES DE VIDA Y TRABAJO |
II.- EL GREMIO DE LOS ARTESANOS DE LA MADERA. |
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APRENDICES, OFICIALES Y MAESTROS |
III. COFRADÍA DE SAN JOSÉ DE CARPINTEROS DE LA VILLA DE ÍSCAR |
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FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA |
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SUS FINES |
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SUS ÚLTIMOS AÑOS |
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SUS OFICIALES |
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GASTOS E INGRESOS |
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LA FIESTA DE SAN JOSÉ |
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LA COFRADÍA DEL SIGLO XIX |
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SUS MIEMBROS |
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5.- FUENTES DOCUMENTALES |
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TIERRA
DE PINARES
Desde antiguo se dedicaron las gentes de Íscar a trabajar las maderas de
los extensos pinares que crecían en torno a la villa. Antiguos
amojonamientos de los términos de Tierra de Íscar, hechos durante los
siglos XIII y XIV, reflejan ya la existencia de importantes manchas de
pinares en su territorio. Pero será en tiempos de los Reyes Católicos y de su nieto el Emperador Carlos Y cuandos los concejos de los pueblos procedan a sembrar gran parte de sus términos de pinos albares o negrales, en cumplimiento de pragmáticas reales. Juan Chamorro, vecino de Cogeces, nos cuenta en su testimonio cómo el concejo de su pueblo sembró hacia 1485 el pinar llamado de Entrambasaguas, entre los ríos Pirón y Cega’(1). ,... que
avrá
veynte e cinco años, poco más o menos, que el concejo del dicho
lugar de coxeces sembró un pinar albar al picón de entramos ríos, en
la vela desta dicha villa e los del concejo desta dicha villa de yscar
se pusieron en pleito con el concejo de coxeces e sor justicia les
sacaron dicho pinar...
TRABAJANDO
LA MADERA
Muchos eran los vecinos de Iscar dedicados a trabajar las maderas de los
pinares: leñadores, aserradores, trilleros, carpinteros y carreteros.
Entre los carpinteros se distinguían unos llamados “maestros
de puertas y ventanas” de otros que se decían “maestros
albañiles y carpinteros” . Estos últimos se encargaban de construir edificios,
en cuyas techumbres y muros se empleaban maderas labradas. En tiempo adecuado, coincidiendo con los fríos del invierno, se cortaban
y desroñaban los pinos con las hachas. En el mismo pinar, con sierras
braceras, los carpinteros serraban los troncos en tramos
o ajuareros. Algunos vecinos de Iscar, con sus
carretas, se dedicaban a portear maderas de los pinares cercanos a otros
lugares de Castilla la Vieja y León. Por ejemplo, Felipe Benito se
comprometió en el año 1740 a portear con sus carros y ganados, a la
ciudad de Toro, diversas maderas, buenas, derechas y
limpias, a saber, “sesenta machones de quarta y
sesma, veinte vigas de a veinte y dos pies, también de quarta
y sesma y cien ochaveros”(2) Acarreados los ajuareros junto a la villa, a veces en los mismos
pinares, se serraban a lo largo por la mitad con la sierra
de cachar, convirtiéndolos en “cachas”,
que se colocaban en piladas, de modo que el sol y el viento
las secaran. Serrando las cachas y labrándolas con diversas
herramientas se extraían las pequeñas piezas necesarias para fabricar
puertas y ventanas, taburetes y escaños, arcas y camas. Joseph de Oviedo, carpintero de Íscar, con taller en la Plazuela de
Aguilera, al morir en el año 1663, tenía en los pinares de Aldeanueva
y Remondo, cortadas, aserradas y puestas en veinte piladas,
unas mil doscientas piezas de maderas: cachones de gualderas,
trabucos, largueros y cabeceras’. El trabajo de los carpinteros se realizaba en sencillos talleres anejos a
sus casas. El carpintero de puertas y ventanas Juan de
Velasco Víloria solicitaba en 1757 licencia del Juez Conservador de
Montes Pinares de la villa de Olmedo, para cortar ochenta y dos pies de
pino, necesarios para realizar “un colgadiza o taller de su oficio”, alargando el cuerpo de la casa en que vivía. Manuel Sánchez
Redondo, maestro de albañilería y carpintería, certificó en qué se
habrían de utilizar dichos pinos
"... lo primero quatro tirantes de a
treinta pies, y un pino para cada uno. Yten otros quatro tirantes de a
diez y ocho pies, y para ellos quatro pinos. Yten veinte piezas de a
veinte pies para soleras, estribos y cavallete, que puedan ser
aserradizas, y a lo menos, son menester diez pinos. Iten siete anda
vigas de a veinte y tres pies y siete pinos para ellas. Yten siete
andavigas de a diez y nueve pies, y otros tantos pinos. Yten doze trozas
de a diez pies, para sobradiles, que saldrán de seis pinos. Yten dos
viguetas para escalera y dos pinos para ella. Yten sesenta trozas
para
gualderas, que se harán de treinta pinos. Yten doze cabrios para
tramones con que cerrar los ayres..." El inventario y posterior tasación de los bienes de
Antonio de la Ribera, carpintero de Íscar, realizado en 1675, nos da
detalles sobre las herramientas que usaba en su oficio y sobre las
piezas de madera que fabricaba(5): “Dos bancos del oftzio de carpintería, tasados en diez y seis reales. Yten diez y seys tablas de nuebe pies, tasadas a cuatro reales cada una. Una sierra de meter sierra, tasada en nuebe reales. Otra sierra de mano pequeña, con sus armas, tasada en siete reales. Dos achas de carpintería de a una boca, tasadas en cuarenta y cuatro reales. Dos azuelas de mano para la carpintería, tasadas en catorce reales. Dos escoplos de yerro, tasados en seis reales. Unas tenazas de sacar clabos, tasadas en tres reales. Un compás grande, tasado en catorce reales. Otro compás pequeño, tasado en seis reales. Una plomada para fábricas, tasada en seis reales. Una juntera y un zepillo, tasados en siete reales. Una arca empezada azer, para arma, que está sin encajar, tasada en setenta reales. Yten seiscientas y cinquenta piezas de gualderas, trabucos y cabezas para fábrica de puertas y benttanas, tasadas a beintidós maravedís, una con ottra". Diversos inventarios de aquella época refieren el uso de otras
herramientas. El carpintero Julián García poseía entre sus útiles
“un barreno, un abibador, un acanalador, dos
planas y un cuartabón”(
6) Gaspar
del Caño, con taller en la Plazuela de Puelles, usaba “una
sierra de atarazar, una sierra de cachar, otra de meter sierra, dos
zeplllos con sus hierros, dos escoplos, una junttera, un martillo de
orejas, un acanalador quebrado, una media caña y un varrilete”
(
7 ). La denominación de carpinteros
puertaventanístas, que suelen reflejar los documentos, parece indicar una especial dedicación a
fabricar puertas y ventanas, no sólo para surtir a la villa de Íscar y
sus inmediaciones, sino además para venderlas por toda la región.
En abril de 1698 los cofrades de San José admiten en la cofradía a
Diego Terán, vecino de Brañosera, jurisdicción de la villa de Aguilar
de Campoo, hombre dedicado a comerciar con puertas, ventanas y maderas. El cofrade Melchor Pascual, al
solicitar su admisión, expone que Diego Terán es “perssona
de buena vida y cosstumbres, afecta a las cosas divinas y deseosa de
entrar en la dicha cofradía por hermano, por tener comunicación, trato
y comercio con los carpinteros de puerta y ventana desta villa, llevando
y comprando delios la mayor parte de la obra que fabrican, en que se
sigue utilidad a esta villa y a la dicha cofradía y sus hermanos”. Sin embargo, también fabricaban
aquellos carpinteros sencillos muebles de madera de pino que las gentes
humildes
usaban en sus casas. Inventarios de bienes, realizados en siglos
pasados, chan mesas, arcas, taburetes, banquillas, escaños o alacenas
(8 ).
Sin olvidar las camas de madera encordeladas con sogas, cuya fabricación
parece ser era típica de Íscar
(9 ). Artesanos de la madera eran también
los carreteros. Hacer carros, arados y yugos requería unir la destreza
de un buen carpintero en el trabajo de la madera, con el saber de un
herrero, al forjar el hierro en la
fragua. Además de la madera de pino, los carreteros empleaban la de encina,
cortada en el monte, y la de fresnos y olmos crecidos en las riberas.
Con algunas herramientas semejantes a las de los carpinteros y con otras
propias de su oficio, labraban las piezas que componían las dos partes esenciales de un carro: el deshojado y
las ruedas
(10) . Constaba el deshojado de la viga, el asiento y los tableros. El cubo,
hecho eh madera de fresno, los radios y ocho piezas arqueadas, llamadas
pinazas, formaban la rueda, protegida por un aro de hierro. He aquí las herramientas y piezas de madera que dejó en su taller, al morir en 1718,
el carretero de Íscar Teodoro Gutiérrez
(11): "... dos
sierras, una junttera, un zepillo y un yerro de tarraxa, un barrenillo,
un conpás
questá
en la fragua, una acha de una boca, una azuela de mano, un martillo
grande de orexas y un escoplo, un mazo nuebo de enrrayar, zinco
barrenas, las dos grandes y tres pequeñas, una rueda empinazada, un par
de ruedas enrrayadas, doscientos cinquenta y cinco rrayos de roble,
ochenta pinazas de pino, dos cubos de olmo grandes, tres cubos de pino
aderezados y en forma, una rueda de pino nueba...” 0tro
carretero, Martín Gutiérrez, probablemente hijo del anterior, tenía
en su taller de la Plazuela de Vela algunas herramientas y piezas
diferentes (12): ",... un
banco del oficio de carretero, cuatro camones de pino bueno, una sierra
de cachar con sus armas y cabestro, muy usada, una acha salcornada, un
martillo de orejas muy gastado, una barrena gorda palomera, una gubia y
una rascadera, un compás
grande de yerro, unos aymones de pino, una troza de sobradiles, una
rueda blanca buena, una maza de pino, una cama y un denttal de roble,
tres barrenas y un barreno grande del oficio de carretero, enastadas, un
yerro de zepillo viejo...
CONDICIONES
DE VIDA Y TRABAJO
Mediado el siglo XVIII,
se realiza en la corona de Castilla el Catastro de la Ensenada, cuya
finalidad era averiguar la riqueza de las personas, con vistas al
establecimiento de un nuevo sistema de impuestos. Los datos de este
catastro nos permiten conocer los bienes de las personas, sus
actividades y sus ganancias. Las indagaciones sobre la villa de Íscar se realizaron en el año de
1751. Contaba Íscar entonces con una población de 215 vecinos, es
decir, unos ochocientos cincuenta habitantes
( 13 ). Más de la mitad de la población activa se dedicaba al cultivo de los
campos y al pastoreo de los ganados: 87 vecinos labradores, incluidos
sus hijos y criados; 54 jornaleros de la tierra y 10 pastores de
ganados. El catastro regulaba la renta anual de su trabajo personal en
360 reales, considerando que podrían realizar tareas tan sólo unos 120
días al año, valorada cada jornada en tres reales. Un segundo grupo lo integraban quienes se dedicaban a la actividades
artesanales. Algunas de ellas se encaminaban exclusivamente a satisfacer
la necesidades de los habitantes de la villa y de lugares cercanos: seis
maestros albañiles ganaban 5 reales diarios; dos herreros, 4 reales; un
herrador, 2 reales; cinco sastres, 4 reales; seis caleros, 3 reales.
Como el catastro les consideraba 180 días de trabajo al año, sus
rentas oscilaban entre 360 y 900 reales. Entre los artesanos destacaban los carpinteros y carreteros,
personas dedicadas al trabajo de la madera, labor que ocupaba a una sexta parte de la población activa de la villa.
En dicho año de 1751 trabajaban en Iscar veinticuatro maestros
puertaventanistas y siete maestros de hacer carros, cuyo jornal diario
se regulaba en cuatro reales y medio, unos 810 reales anuales. Dos
oficiales carpinteros, que trabajaban en los talleres de los maestros,
ganaban tres reales diarios, unos 540 reales por año. Como no recibían
salario, no se incluyen en las relaciones los mozos que estuvieran aprendiendo
el oficio con sus maestros. Por entonces habitaba y trabajaba
en Íscar
un maestro arquitecto y tallista llamado Domingo Fernández Pedrosa,
natural del lugar de San Lázaro, arrabal de la ciudad de Mondoñedo, en
el reino de Galicia. El catastro valoraba su jornal diario en ocho
reales, cantidad que casi duplicaba el salario de los maestros
carpinteros. Durante unas décadas, más o menos entre 1744 y 1769,
Domingo Fernández talló varios retablos de iglesias sitas en la
comarca. En Íscar, año de 1748, para la iglesia de San Pedro, esculpió
el retablo de San Antonio de Padua, con madera de los pinares de Villa y
Tierra. Para la iglesia de San Miguel realizó en 1765 otros dos
retablos:
uno a la Virgen del Rosario, otro destinado a Jesús Nazareno y al Santísimo
Cristo del Descendimiento. Entre sus obras destacan los retablos mayores
de las iglesias de
San Pedro de Alcazarén y de San Miguel del Arroyo
(14). Un tercer grupo de vecinos, dedicados a los llamados oficios liberales,
obtenía por su trabajo las mejores rentas de la villa: los dos
escribanos, que ganaban al año 4400 y 1100 reales, respectivamente; el boticario, 3500 reales; el
médico, 3400 reales; el cirujano, 2200 reales;
el administrador de los Condes de Miranda, 1900 reales; el alguacil y
cada uno de los tres sacristanes, 1100 reales. Buenos rendimientos obtenían también algunos comerciantes: un tendero
de diferentes mercaderías ganaba la cantidad de 3000 reales; dos de los
seis tratantes dedicados a comprar y vender piñon obtenían ganancias
valoradas en 2400 y 1400 reales respectivamente. Analizando los datos del catastro,
podemos llegar a la conclusión de que carpinteros y carreteros pertenecían
a ese amplio grupo integrado por las gentes sencillas. Sus salarios
estaban algo por encima de lo que se ganaba en otros oficios, pero muy
por debajo de las rentas más elevadas. En cualquier caso, su nivel de
vida dependería en gran manera de la situación económica propia de
cada época. Si lograban vender su producción, ganaban para vivir
dignamente, pero si sucedía lo contrario, podían llegar hasta a pasar
hambre. Así lo reflejaba el testimonio dado en 1721 por un carpintero
de Íscar,
al referirse al estado en que se encontraban y al modo con que se
ganaban la vida Andrés y Gabriel de Portillo, dos hidalgos de la villa,
venidos
a
menos
(15 "... pobres y sin medios algunos, pues les falta para su precissa dezencia, [dedicándose] el uno a sacar aguardiente para pasar su vida y el
otro al ofizio de carpintero, y que no se dude que el día que no travajan no
ttendrdn qué comer, como le suzede a este testigo, que tiene el mismo
ofizio de carpinttero”. Las comprobación y modificación
de los datos del Catastro, realizada en junio de 1761, parece reflejar
el comienzo de una etapa de crisis
(16).
Trabajan entonces en la villa veintidós maestros carpinteros de puertas
y ventanas, que ganan diariamente tres reales y medio, un real menos que
hacía diez años. El número de oficiales carpinteros ha aumentado a
diez, cuando antes eran dos. Se añade que son maestros carpinteros,
obligados a servir en talleres ajenos, a las órdenes de otros maestros,
por no disponer de dinero con que comprar la madera necesaria para
trabajar por su cuenta. Seis son los maestros de hacer carros, que ganan
ahora cuatro reales, medio real menos que antes.
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