ANTIENE su poder
hipnótico, pero ahora, con el cuerpo cansado, es su voz la que atrapa la atención.
Aguda espectadora de la danza -no se puede bromear, excepto sobre la devoción
institucional por «la cubana»-, se mantiene joven «porque me tomo la vida con
humor».
-Plisetskaya,
Alicia Alonso, tampoco quedaba tan mal Guillermina. ¿Quién eligió el nombre
artístico?
-Es que
Guillermina me parecía para una tienda para flores o chocolates, pero no para
una bailarina.
-Íscar-París-Madrid,
¿le salió bien la carambola?
-Fantástica,
a ver.
-¿Los
camerinos son a los teatros lo que los baños a las casas?
-Los
camerinos siempre han sido malos, se han preocupado de la oficina del director,
pero no del sitio de los artistas. Cuando arreglaron el Calderón fui a ver los
camerinos, y me parecieron una cárcel.
-¿Mariemma,
sinónimo de diva?
-No creo.
Bueno, lógico, porque si me han considerado una de las mejores bailarinas del
mundo me lo tengo que creer, pero he trabajado mucho.
-¿Compite
con Imelda Marcos en pares de zapatos?
-Es que lo mío
no son juanetes, son don juanes.
-Un siamés,
una secretaria, un chico para pasear, no lleva mal su soltería
-Hombre,
procuro estar bien acompañada.
-¿Por qué
las grandes bailarinas no se casan?
-Me enamoré
a los 23 años y pensé en casarme, pero las leyes eran tan demenciales para la
mujer que me eché atrás quince días antes de la boda. Había tantas
contradicciones para mi libertad artística que decidí que no. Me odió, claro.
-¿Le pide
consejo Duato en asuntos del corazón?
-Es muy libre
y lo ha demostrado diciendo lo que es. Le admiro mucho, es un gran bailarín y
coreógrafo.
-¿Fue
consultada para la sucesión de Aida Gómez al frente del Ballet Nacional?
-No. Aida
tiene un carácter muy especial y a lo mejor no era su momento.
-Cuente su
teoría sobre los ojos de las vallisoletanas.
-Me parece
que la mirada de las vallisoletanas es muy interesante. Por ejemplo, Lola
Herrera tiene una mirada extraordinaria.
-¿Su visión
de los políticos cambió por la pelea sobre los estudios de Danza?
-Estuvimos
dos días encerrados, no sacaron nada en limpio. Al final me dijeron que tenía
que decidirlo el ministro. Le escribí para preguntar por qué nos reunió para
hacer después lo que quisiera. Y sentó muy mal. Como buena castellana, digo lo
que pienso.
-¿Se atreve
con la 13?
-Me atrevo
con todo.
-¿Qué hizo
su madre para que la encontrase en la playa?
-Estábamos
en una playa en Italia, tenía 14 años, y era inmensa y vacía. Tenía que
hacer un ensayo y le dije que después nos encontrábamos en la playa. Lo que no
esperaba es que después la playa estaría llena. Ella alquilo un dromedario y
la encontré subida a él.